El regalo de conocerte Comandante.



La noche  del miércoles 9 de septiembre de 2004, cuando el Hotel Alba aún llevaba por nombre Hotel Hilton, me tomaba un café en el Ateneo, cuando aún no era la actual UNEARTE.  Mi amigo me hace saber distraídamente que el Comandante Presidente estaba en el salón principal del hotel, en lo que se denominó "El Presidente Habla con los Empresarios". En esa ocasión el Comandante manifestó, "lo que pido es que generemos el encuentro y el debate en el ágora sobre distintos temas, sin ningún tipo de condicionamientos", haciendo referencia a la serie de condiciones impuestas por la directiva de Fedecámaras, a través de un documento donde manifestaban su disposición al diálogo con el Gobierno Bolivariano.

Por no dejar me di una vuelta por el lobby tratando de capturar una imagen rápida de él cuando saliera, así que vueltas dimos, quizá dos o tres,  caminando lento y conversando. Así pasamos una y otra vez por los pasillos que comunicaban el salón con el restaurant de la piscina,  cuando ya me había dado por vencida. Riéndome de mí misma por mi audacia, y creer que sería fácil el encuentro, me dispongo a salir, viendo mi plan frustrado por nada menos que la casa militar, que se impuso obstaculizando el paso: se disculpan porque debo esperar que el Presidente salga por la puerta trasera del Gran Salón. Mi impresión fue instantánea. No entendía y le pregunto a uno de los militares si era cierto. Parecía un chiste que el Comandante saliera por ahí, donde quedé "atascada". Siendo mi amigo y yo los únicos civiles en tres metros a la redonda, por decir algo.

Así fue mi encuentro con él, así me terminó de convencer. Emergió del salón, seguido de su equipo de prensa y escoltas, viéndome se rió con su tierna sonrisa de niño por mi obvia perplejidad, me tomó de la mano halándome hacia él y me dijo: "véngase mi negra". Me dio un cálido abrazo que inmediatamente logró sacarme de mi estado casi catatónico. Cómo explicar su energía infinita y maravillosa, aura mágica que me envolvió.
De mi boca afloraron palabras de amor por ese ser elevado, imposible y a la vez dispuesto para todos. Pude decírselo, es mi consuelo: “La juventud lo ama, lo apoya porque Ud. es un Maestro, está iluminado y protegido. No se preocupe que los medios no podrán contra lo que usted vino a hacer” Fui una joven que habló por miles y le agradeció. Ahora mi compromiso es tan infinito como su sonrisa. Debo aprender y aprehender sus palabras en mi piel, en mi ropa. Mi deber es que mi hija lo conozca y lo entienda. Asimismo, quien quiera oírme. Quien no entendió a "mi negro" (como nunca supo que lo llamo) no entiende a Cristo. Amor por la humanidad, eso nos dejó.

Vanessa Fuentes Villalta

Comentarios

  1. Estupenda entrada Vane!!
    Cuánto ha marcado tu vida ese hombre! Celebro que lo hayas admirado tanto y puedas de alguna manera continuar su legado.

    Me encantaron las palabras que le dijiste, no tengo dudas de que hablaste por miles de jóvenes.

    Un beso enorme amiga.

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  2. Que bonita experiencia Vane!!! Muchos hubiesemos querido poder cruzar tan siquiera una palabra con ese gran lider, gigante e inolvidable hombre

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  3. Hermosamente escrito. Bravo Vanessa, gran pluma, grandes dotes para la palabra. Más aún, el comandante se merece eso y más. Abrazo

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  4. ¡Chávez Cósmico!

    Chávez: verbo en tiempo presente.

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  5. Tuviste el honor de cruzarte con el gigante, en él está la síntesis de 500 años de lucha, no exageramos al decirle padre; con el tiempo se hará más grande. Bolívar fue amado y odiado y la historia le ha dado su justo valor, nuestro comandante bolivariano, también ascenderá y tu experiencia tendrá un valor supremo. Serás unas de las privilegiadas que dirán "tuve un encuentro con él"

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