Escrito por Pablo Bayley
PIDO PERDÓN A LOS DISIDENTES
Cuando el pueblo hace colas para comprar
artículos de necesidad básica, traga hondo. Pasa dos horas bajo el sol y cuando
por fin llega a la caja registradora, saca sus numerosas tarjetas y va pagando
un poquito con una, otro poco con la otra. Finalmente revisa sus bolsillos y
completa la cuenta con efectivo. Y esto, cuando encuentra esos pocos productos
que escasean.
Cuando una parte del pueblo sale a quemar las
calles a pedir la destitución del presidente de la República, el otro pueblo,
que es mayoría probada, resiste en una acción de calma y silencio, porque es el
mismo pueblo que gritó fuerte y se agitó el pasado 13 de abril del 2002 para
recuperar su esperanza, personificada en Hugo Chávez Frías.
Cuando aparecen noticias de grandes estafadores
empaquetados en “empresas de maletín”, se muestran nexos de corrupción rojos,
amarillos, blancos, verdes y de todos los colores, el pueblo, ese que tanto
mencionaba con mucho respeto el comandante Chávez, ha tomado fuerzas, se ha
reorganizado y actuado con disciplina.
Así, mientras el pueblo resistía a estrategias
de golpe suave probadas eficientemente en tantos países, se gestaba dentro de
las filas “élites” del chavismo, una explosión de disidentes. Un grupo de
compatriotas “amigos cercanos de Chávez” cuadros políticos, ministros,
exministros, ese tipo de gente que prepara informes e investigaciones para
dirigir políticas que a fin de cuentas, a quienes más afectan o benefician, es
al pueblo.
Esos profesores que decidieron servir a la patria
y construir junto al pueblo, el ejército y el Estado, ese país llamado
República Bolivariana de Venezuela, hace ya tiempo que no hacen colas, no saben
lo que es una nevera vacía, una cuenta por pagar, una deuda incómoda, un carro
accidentado, una cola de tres horas para llegar a sus casas.
Esos camaradas decidieron armar alboroto,
expresar públicamente sus cuestionamientos al proceso revolucionario, salirse
de las filas de cuadros políticos y prender el ventilador en momentos delicados
de la nación.
Así vemos que luego de la última revuelta
contrarrevolucionaria de la clase media, Vanessa Davis, Jorge Giordani, Hector
Navarro, Ana Elisa Osorio y seguramente otro grupo de chavistas disidentes,
decidieron hablar de los errores de la revolución que ellos mismos encabezaban.
Entender los motivos de queja, a los chavistas
de a pié, no nos cuesta mucho trabajo, porque por lo general los chavistas
vivimos en zonas de clase social baja, a nosotros sí nos duelen los autobuses
quemados, las universidades quemadas, los motorizados degollados, nosotros sí
nos calamos las columnas de humo de cauchos y bolsas plásticas, a nosotros no
nos dejaban salir ni llegar a nuestros hogares, nosotros estiramos los cobres
para llegar al fin de mes y no nos quejamos, no nos volteamos, seguimos
cerrando filas con nuestro presidente, el camarada Nicolás Maduro.
Así pues, les pido perdón a los disidentes, por
más intelectuales y estudiados que sean, pero me gustaría que la próxima vez
que se molesten con las malas prácticas que en el intento hace “nuestra
revolución”, lo digan con la misma disciplina con la que el pueblo chavista
viene actuando. Por favor, respeten que la revolución no es de ustedes, es de
todas y todos.
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