José Saramago...
José Saramago:
Se debería comenzar hablando de José Saramago como el único
lusitano acreedor del Premio Nobel de
Literatura en 1998, reconocimiento que celebró su capacidad para «volver comprensible una
realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y
la ironía”. Seguramente ese sería sólo una parte del agradecimiento que la sociedad
de la literatura, el periodismo y la filosofía hacen a su genial rebeldía ante
lo injusto, y a lo que denominó como aborregamiento de la sociedad de su país y
del mundo ante las autoridades políticas y religiosas.
Sus libros más importantes fueron escritos según sus
palabras, no para agradar ni tampoco desagradar. Aseguró que más bien se
crearon para desasosegar a sus lectores. Pero así no lo apreció el vaticano, que ha calificado como
antirreligiosas algunas de sus principales obras como El Evangelio según
Jesucristo. Una vez afirmó que Dios es el silencio del universo, y el ser
humano, el grito que da sentido a ese silencio.
El autor nacido en noviembre de 1922 en un pueblito costero
llamado Azinhaga, y de familia humilde falleció un 18 de junio de 2010 a los 87
años, una noche tranquila en Lanzarote a causa de una leucemia crónica, lo que no le impidió escribir hasta el final de su vida. Se dice que llevaba 30 páginas de
una nueva novela.
El escritor portugués manifestó una vez que quería ser
evocado como el autor que creó al personaje del perro que bebe las lágrimas de
una mujer que intenta salvar al grupo donde está su esposo y el perro se
aproxima a un ser humano y, como no puede hacer más nada, bebe de sus lágrimas:
“se
arrastraban los ciegos desamparados, doloridos por los golpes unos, pisoteados
otros, eran sobre todo los ancianos, las mujeres y los niños de siempre, seres
en general aún o ya con pocas defensas, milagro que no resultaran de este
trance muchos más muertos por enterrar.
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