Mi adiós a don Gastón Requena, el maestro de los periodistas

Don Gastón, el asesor de prensa de Notivisión me dijo que era bienvenida en Santa Cruz y que esta era mi casa, no lo decía como un cumplido, lo reiteraba cada vez que escuchaba hablar sobre Venezuela y la crisis. 
Me preguntaba casi a diario, cuál sería el destino de “su presidente Nicolás Maduro” y yo con rostro inexpresivo, le contestaba que “hace años estamos especulando sobre eso y el panorama es difícil de predecir". Mi vecino de escritorio y mi espontáneo mentor, se fue sin conocer el desenlace.
Gastón Requena era un hombre cuya edad era imposible de calcular porque según los compañeros que lo conocen desde hace 20 años, se mantiene igualito desde entoces; además, de que su viveza de mente y capacidad intelectual sobrepasaban la imaginación. Parece imposible que un hombre de esa edad sea el que lleve la batuta del contenido. Siempre iba tres pasos adelante de lo que ocurría, aunque igualmente me preguntaba en la mañana y en la tarde, “¿Qué es lo último Vanessa?”.  Extrañaré eso.
El respeto que inspiraba por su experiencia, no evitaron que pudiera compartir momentos de hermosa amistad, donde entre risas intercambiábamos comentarios sobre la locura de Trump, a quien apostaba que no terminaría su mandato, idea que ambos compartíamos. Pero no en todo estábamos de acuerdo, también debatíamos sobre la responsabilidad de la crisis venezolana. Él la adjudicaba a Hugo Chávez, mientras que yo argumentaba que Venezuela no estaba tan mal cuando él mantenía el poder, pues la diferencia social y económica entre 2012 y 2019 es abismal.
Me daba razón cuando hablaba sobre geopolítica, creo que porque le gustaba que me interesara por temas que iban más allá de lo básico y disfrutábamos investigando términos y orígenes de las cosas. Era un inquisitivo y estudioso incansable.
El último día que pude disfrutar de su carácter entusiasta, nada normal para un hombre de su edad, me dijo con los ojos abiertos y una sonrisa gigante, como si fuera un adolescente que había redescubierto la lectura, que estaba leyendo más de tres libros simultáneamente.
“¡Tengo una sed de estudiar! Estoy estudiando y leyendo, día y de noche. No paro!, lo vi y sentí emoción de que estuviera tan lleno de vida. Lo vi como un ejemplo y una vez más pensé que quiero ser como él, no sólo por su sed de conocimiento, sino por los principios morales de los que siempre hizo gala.
Confieso que cuando lo conocí me di cuenta de que tendría que compartir con él todos los días a mi lado en la oficina de la sala de redacción, sentí miedo de encariñarme con alguien mayor. Un temor que fue creciendo a medida que lo conocía, porque me daba cuenta del tesoro que tenía a mi lado. Pero su entereza me daba confianza y su muerte no dejó de ser una tragedia, sorpresiva, desgarradora.
Me atrevo a decir que fue mi amigo porque él mismo lo sentenció así. “Usted y yo somos amigos” y sonrió con esa expresión dulce significando que no hay más nada que hacer porque es así. Ni los años ni la diferencia generacional, fueron impedimento para cultivar momentos memorables.
No me equivoco al verlo como un amigo, salvando la distancia con el hombre en su magnitud social y periodística. Don Gastón dejó un vacío irremplazable. Su capacidad para recordar que había noticias que necesitaban seguimiento, destacar lo realmente importante de los hechos, las opiniones, los antecedentes, lo instituyeron como columna y guía de prensa en Red Uno de Bolivia.
Lo extrañaré porque ya no tendré sus chocolates que me pasaba furtivamente, ni le diré victoriosa que esa nota que descubrió ya la tenía publicada. No lo escucharé todos los días preguntándome preocupado por mí y mi familia. Ser venezolana creo que me dio una ventaja para ganarme el cariño de ese hombre vital para la prensa de la Red Uno. Un año no fue suficiente. Esta oficina no será la misma sin usted Don Gastón.
El 28 de febrero se fue después de un accidente de tránsito. La sorpresa y la impotencia nos embarga. 




Comentarios

Entradas populares de este blog

Con Acróstico, SHAKIRA honra a las madres y enseña a sus hijos sobre el amor

Cortazar en el Celarg

Goleador belga confiesa sus penurias por pobreza extrema que sufrió con su familia